Saber Publicar en Medicina

Sin lugar a dudas, la actividad prioritaria y principal que tiene el médico es la atención del enfermo, realizando las actuaciones precisas para llegar al diagnóstico y poder instaurar un adecuado tratamiento.

Sin embargo, a estas funciones, se le añaden otras no menos relevantes como son la docente, con el fin de trasmitir los conocimientos que dispone el médico; la de gestión, con el propósito de realizar una actividad organizada; la investigadora haciendo las actividades que permitan avanzar en el conocimiento, y además todas estas deben de ser informadas al mundo sanitario correctamente, para que los avances puedan ser aplicadas de forma colectiva.

La publicación científica es el soporte adecuado en esta transmisión.

Hay muchas formas de realizar esta información como la oral, y en especial, el artículo científico. La comunicación oral, es la que suelen desarrollar la mayoría de los profesionales al ser la mas asequible, la que menos preparación requiere y a la que se añade un componente publicista y de postureo, que a muchos les agrada ejercer. Sin embargo, este tipo de transmisión, al no ser contrastable su contenido, es la que suele trasportar el mayor porcentaje de información que no se suele ajustar a la realidad, y donde se aportan frecuentemente datos inexactos e incluso falsos.

La publicación científica, es la que más rigor informativo ofrece, entre otras razones al quedar reflejada en soporte docu­mental y generalmente escrito. Sin embargo, los profesionales sanitarios, en un numero elevado de casos no disponen de los cono­cimientos necesarios para poder realizar una publicación con criterios metodológicos científicos y que puedan aportar credibilidad.

Se aprende a ejercer la medicina, pero no se enseña a trasmitir el conocimiento. A pesar que hay una normativa internacional, la conocida como Vancouver para que los documentos médicos se ajusten a normas que permitan uniformidad de criterios para trasmitir la información con el objetivo de que sean creíbles en base al rigor científico; estas o se desconocen por los autores o no se aplican.

El resultado, es que cuando se realiza esta publicación científica, evidentemente mas elaborada, meditada, corregida y ajustada que la oral, o no se conocen las normas o no se aplican, siendo el resultado un intento de aportación de trabajo científico, anárquico, inexacto, sin metodología científica y que no aporta fiabilidad y por lo tanto inservible e incluso nocivo, para el fin para el que fue creado.

El no saber trasmitir la información o no hacerlo, resta credibilidad al profesional, puesto que la publicación suele ser uno de los indicadores de su nivel profesional porque representa la expresión de muchas de las cualidades que debería poseer un facultativo que ejerce la medicina.

Quien practica la publicación va a disponer del distintivo, que le va a poder diferenciar del que practica la medicina e incluso posiblemente bien, pero sin la garantía científica del que trasmite la información en base al artículo científico que le sirve de soporte para transmitir su información.

Por otro lado, hay que reconocer desde el punto de vista negativo, que algunos han basado su prestigio profesional en base a la publicación, a veces no ajustada a la verdad, e incluso fraudulenta, sin desarrollar la exigible faceta asistencial que en el área clínica es necesaria para aportar información creíble y contrastada al conocimiento. Evidentemente, en el medio esta la virtud, siendo lo ideal practicar una medicina correctamente y trasmitir la información en base a la misma.

Prof. Carlos Vaquero

Director y Redactor Jefe de la Revista Iberoamericana


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.