El Hospital Santa Maria de Esgueva. Institucion Centenaria

Pocos hospitales a nivel mundial han tenido una vida tan longeva como el Hospital de Esgueva de Valladolid, cuyas edificaciones se mantuvieron con numerosas reformas a lo largo de unos 860 años.

El hospital se fundó por los Condes de Castilla y Señores de Valladolid y Monzón, Don Pero Ansúrez y su esposa Doña Eylo, se cree entre los años 1073 a 1109, teniendo como finalidad prestar asistencia a los menesterosos, pobres y enfermos de la ciudad pero también a transeúntes y pelegrinos de acuerdo a principios de caridad cristiana.

Cedió el Conde y su esposa para este fin, dependencias de su propio palacio, formando parte del legado que dejaron a la ciudad de Valladolid, junto con otras obras, y de las que algunas hoy subsisten, como el puente Mayor sobre el Río Pisuerga, la Colegiata de Santa María la Mayor o la Iglesia de Santa María de la Antigua. El palacio se había construido con estilo árabe, fuera de la cerca defensiva o muralla de la ciudad por el maestro de albañilería llamado Mohamed.

El espacio utilizado años posteriores fue amplio, ocupando una manzana y no solo el correspondiente al palacio de los Condes, sino además otros de edificaciones colindantes por incorporación de casas y otros hospitales a los que posteriormente se hará referencia. El hospital tenía su acceso principal por la calle Esgueva en el número 18 y delimitadas sus edificaciones, por esta calle y las actualmente denominadas de los Moros, Marqués del Duero y Piedad.

A su lado ha discurrido durante siglos el cauce del río Esgueva, cuyo desbordamiento ha causado inundaciones en la ciudad y especial en esta zona, al corresponder a la parte más baja de la urbe, dañando los edificios del hospital. A escasos metros se erigía la mencionada Iglesia de Santa María la Antigua y un poco más distante, también al margen de las orillas del Río, la referida Colegiata de Santa María la Mayor. Para la gestión del hospital, se fundó una cofradía, la de Santa María de los Escuderos, formada por nobles con “sangre limpia”.

Accede al articulo completo en Revista Iberoamericana de Cirugia Vascular Volumen 6 Numero 3


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